Memoria del Dulce Nombre de Jesús
Desde los primeros siglos del cristianismo, el Nombre de Jesús fue objeto de especial veneración entre los fieles, no sólo como fórmula de invocación devocional, sino como expresión condensada de la fe en su persona y en su obra salvífica. Esta devoción fue adquiriendo progresivamente un marco litúrgico propio, hasta que en el año 1530 el papa Clemente VII concedió a la Orden Franciscana el privilegio de celebrar un Oficio específico en honor del Santísimo Nombre de Jesús.
Posteriormente, en 1721, el papa Inocencio XIII extendió esta celebración a toda la Iglesia, fijándola en el segundo domingo después de la Epifanía. Más adelante, san Pío X la trasladó al primer domingo del mes de enero, estableciendo que, si este coincidía con la solemnidad de la Epifanía, la celebración se trasladase al día 2. Con las sucesivas reformas del calendario litúrgico, la festividad fue perdiendo rango, hasta quedar reducida a misa votiva tras la reforma de 1969. Finalmente, en la editio typica tertia del Missale Romanum de 2002, fue restituida como memoria libre, celebrándose actualmente el día 3 de enero.
La difusión de esta devoción se debe en gran parte a las órdenes religiosas, sobre todo a franciscanos, dominicos y jesuitas, que la transmitieron al pueblo cristiano durante siglos. El símbolo asociado a esta advocación es el monograma “IHS”, derivado de las tres primeras letras griegas de «Jesús» (ΙΗΣΟΥΣ) , interpretado también como Iesus Hominum Salvator, que significa “Jesús Salvador de los Hombres”. La simple invocación del nombre de Jesús ha sido una fuente de consuelo para millones de personas, desde campesinos y viajeros hasta reyes y emperadores a lo largo del tiempo.
La festividad del Dulce Nombre de Jesús ha constituido, desde el mismo momento fundacional de la Cofradía, el eje principal de su espiritualidad y de su vida corporativa. Así lo recoge de manera explícita la Regla original de 1611, en la que esta celebración, denominada entonces como la fiesta de la Circuncisión del Señor, es definida como “la fiesta principal de esta Cofradía”.
La Regla establece un amplio y exigente marco ritual para esta solemnidad, que comprendía la asistencia obligatoria de todos los cofrades a las Vísperas, la Misa, el Sermón y la Procesión, así como la obligación de confesión y comunión, el uso ritual de velas encendidas y la imposición de penas a quienes incumpliesen estas prescripciones. Asimismo, se disponía la celebración de una misa mayor, con diácono y subdiácono, a costa de la propia Cofradía, subrayando su carácter solemne y fundacional.
Desde sus orígenes, esta festividad no fue únicamente un acto devocional, sino un verdadero eje estructurador de la Cofradía, en el que se integraban culto, penitencia, proyección pública, memoria comunitaria y organización interna. Esta centralidad se mantuvo durante siglos y explica que, todavía en los estatutos de 1906, la celebración del Dulce Nombre —entonces identificada litúrgicamente con la Circuncisión— siguiera estando vinculada a la proclamación pública del nuevo Abad, prolongando así un modelo ceremonial heredado directamente de la tradición fundacional.
De este modo, durante siglos, esta celebración no sólo tuvo un carácter devocional, sino también institucional, pues en ella quedaban simbólicamente unidos el culto al Dulce Nombre de Jesús y el inicio del gobierno del nuevo Abad, configurando un único acto de fuerte valor identitario para la Hermandad.
Esta vinculación quedó formalmente suprimida con la reforma estatutaria de 1926, aprobada por la autoridad eclesiástica en 1927, que reorganizó el calendario de gobierno interno de la Cofradía. A partir de entonces, la elección y toma de posesión del Abad pasaron a celebrarse en el mes de septiembre, quedando desvinculadas de la festividad del Dulce Nombre. Esta separación, unida a los cambios introducidos por las reformas litúrgicas del siglo XX, contribuyó progresivamente a la pérdida de centralidad de esta celebración dentro de la vida corporativa.
Aunque durante un tiempo se mantuvo su conmemoración mediante una Misa Solemne, la desaparición de la festividad del calendario general tras la reforma del Misal de 1969 terminó por relegarla a la condición de misa votiva, favoreciendo su progresivo desuso.
Felizmente, la recuperación de la Memoria del Santísimo Nombre de Jesús en la editio typica tertia del Missale Romanum de 2002, y su posterior recepción en el ámbito de la Iglesia en España que entró en vigor el primer domingo de Cuaresma de 2017, ha permitido que nuestra Cofradía haya recuperado esta celebración, desde el año 2019, en la Abadía del Hno. Antonio García Rodríguez, con la solemnidad que históricamente le correspondía, volviendo a celebrarse con una Misa Solemne, reafirmando así su valor espiritual, identitario e histórico dentro de la vida de la Hermandad.
En la celebración de esta efeméride, desde el año 2023, se homenajea a los tres hermanos más antiguos de nuestra penitencial, por su trayectoria, dedicación, compromiso y fidelidad con el Dulce Nombre de Jesús Nazareno.