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La Flagelación

Gaspar Becerra Padilla, S. XVI

La Flagelación

  • Escultor: Gaspar Becerra Padilla, siglo XVI.
  • Trono: Hermanos Caballero González, 2011.
  • 90 braceros.
  • Escolta: Policía Local Valverde de la Virgen
  • Acompañamiento musical 2026: Agrupación Musical de la Cofradía Cristo del Gran Poder

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.

Juan 19, 1

La imagen de Cristo atado a la Columna constituye una de las obras más antiguas y valiosas del patrimonio escultórico de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Su calidad artística y su profunda carga devocional la convierten en una de las piezas más destacadas de cuantas integran los desfiles procesionales de la hermandad.

Tradicionalmente atribuida al escultor romanista Gaspar de Becerra, habría sido realizada entre los años 1558 y 1562, durante la estancia del maestro en tierras leonesas con motivo de los trabajos que dirigió para el retablo mayor de la Catedral de Astorga. Aunque la documentación conservada no permite confirmar de manera definitiva esta autoría, las características formales de la talla, así como su cronología, han llevado a diversos estudiosos a relacionarla con el círculo artístico del escultor baezano.

La imagen responde a la iconografía propia de la segunda mitad del siglo XVI, presentando a Cristo abrazado a una elevada columna, en actitud serena y resignada ante el suplicio. Lejos de los modelos barrocos posteriores, más dramáticos y expresivos, nos encontramos ante una representación de profunda piedad y contenida emoción, en la que el sufrimiento se manifiesta desde la dignidad y la aceptación del sacrificio redentor.

Uno de los elementos más singulares de la composición es la columna sobre la que se apoya la figura de Jesús, rematada por un gallo que alude directamente a las negaciones de San Pedro durante la Pasión. Este detalle, poco frecuente en la imaginería procesional, terminaría convirtiéndose en uno de los rasgos más característicos del conjunto, hasta el punto de que el paso es conocido popularmente entre los leoneses como «El Gallo».

La talla, de dimensiones ligeramente inferiores al tamaño natural, presenta una marcada verticalidad compositiva, reforzada por la disposición paralela entre la figura de Cristo y la propia columna. Este esquema responde plenamente a los modelos manieristas de la época y contribuye a dotar a la imagen de una notable elegancia formal.

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Se desconoce cuándo y por qué cauces pasó la escultura a formar parte del patrimonio de la Cofradía. La ausencia de documentación impide establecer una cronología precisa, aunque no puede descartarse que llegara mediante donación de algún particular o institución religiosa. También cabe plantear la posibilidad de que procediera del Convento de Santo Domingo, donde la Cofradía tuvo establecida su capilla durante siglos, o de algún otro templo o comunidad religiosa afectada por los procesos desamortizadores del siglo XIX.

Lo que sí permiten afirmar los documentos conservados es que la imagen ya formaba parte de los desfiles procesionales en el siglo XVIII. En diversos libros de cuentas y anotaciones antiguas aparece mencionada bajo la denominación de «Nuestro Señor a la Coluniya», una expresión que refleja tanto la antigüedad de la devoción como las peculiaridades lingüísticas de la documentación de la época.

Durante siglos la imagen procesionó prácticamente en solitario, centrando toda la atención de la escena. Sin embargo, en la década de 1940 se produjo una profunda transformación del conjunto. En 1943, siendo abad de la Cofradía el hermano Gonzalo de Paz del Río, se acordó completar el paso con nuevas figuras que enriquecieran visualmente el momento de la Pasión representado.

Según consta en las actas de la hermandad, durante un viaje a Barcelona el abad visitó a un «artista especialista en imágenes», encargando dos sayones que ejecutan el castigo y un soldado romano que sirve de ambientación a la escena. El importe de las tres figuras ascendió a 10.000 pesetas, siendo incorporadas al desfile procesional en la Semana Santa de 1944. En aquellos mismos talleres se adquirió igualmente la imagen del ángel destinada al paso de la Oración en el Huerto, sin que hasta el momento haya podido determinarse con certeza la identidad de sus autores.

La incorporación de estas figuras secundarias supuso el nacimiento de la configuración escénica que, con distintas modificaciones a lo largo del tiempo, ha llegado hasta nuestros días. Asimismo, desde entonces comenzó a generalizarse la denominación actual de «La Flagelación», si bien el apelativo popular de «El Gallo» continúa plenamente vigente entre los hermanos y los leoneses.

La historia reciente del paso ha estado marcada por diversos trabajos de conservación y restauración. Algunas intervenciones realizadas durante los siglos XIX y XX alteraron parcialmente la apariencia original de la imagen mediante repintes y añadidos que ocultaban la policromía primitiva. Con el fin de recuperar sus valores históricos y artísticos, en el año 2008 la talla fue sometida a una importante intervención promovida por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León. Los trabajos permitieron eliminar sucesivas capas de repinte acumuladas a lo largo de los siglos y recuperar, en la medida de lo posible, el aspecto concebido por su autor.

El conjunto desfila actualmente sobre un trono realizado en madera de cedro por el taller de los Hermanos Caballero González, de Sevilla, estrenado en 2011. La obra presenta una elegante canastilla de líneas curvas y contracurvas, rematada en sus esquinas por cuatro faroles. Su programa iconográfico fue concebido para establecer un recorrido visual por distintos episodios de la vida y Pasión de Cristo.

Las cartelas escultóricas, realizadas por Mariano Sánchez del Pino, representan diversas escenas evangélicas, entre ellas la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la Última Cena o algunos momentos del camino hacia el Calvario. Completa el conjunto la presencia de dos querubines situados en el frontal, encargados de sostener el emblema corporativo de la Cofradía.

De este modo, La Flagelación constituye hoy uno de los conjuntos más representativos de la Semana Santa leonesa. En él conviven una excepcional imagen renacentista, testigo de más de cuatro siglos de historia devocional, con las aportaciones artísticas que sucesivas generaciones de hermanos han ido incorporando para engrandecer el patrimonio y la catequesis pública de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno.

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