Saluda del Hermano Abad
Hno. David Manuel Díez Revilla
Queridos Hermanos:
Me asomo de nuevo a esta ventana del mundo digital para dirigirme a todos vosotros y, ante todo, para daros las gracias. Gracias por las muestras de cariño, cercanía y apoyo que he recibido desde que asumí la responsabilidad como vuestro Abad. Cada palabra de aliento, cada gesto y cada momento compartido me han confirmado, una vez más, que una Cofradía no se entiende únicamente por lo que hace, sino, sobre todo, por las personas que la forman.
Ponerme al frente de nuestra Penitencial supone un enorme honor y una gran responsabilidad. Esta Cofradía es un pedazo de la historia construida generación tras generación, una herencia que hemos recibido de quienes nos precedieron y que tenemos el deber de cuidar, mantener viva y transmitir a quienes vendrán después.
Nuestro patrimonio es, sin duda, una parte fundamental de esa herencia. Las imágenes, enseres, documentos, símbolos y tradiciones que hemos recibido constituyen un legado de incalculable valor, pero nuestro patrimonio más importante son las personas: los Hermanos que, con su esfuerzo silencioso y desinteresado, hacen posible que nuestra Cofradía continúe caminando. Vosotros sois lo que da sentido a todo lo demás.
Vivimos, además, en un tiempo en el que algunos de los valores que durante generaciones han sustentado nuestra sociedad parecen perder fuerza. El compromiso, el respeto, la solidaridad, el sacrificio, la responsabilidad y el sentido de comunidad necesitan ser reivindicados y, sobre todo, vividos. Una Cofradía tiene mucho que aportar en este ámbito, porque nuestra vida de hermandad nos recuerda que nadie camina solo y que formar parte de una comunidad implica también comprometerse con ella y con los demás.
En esta tarea, nuestros jóvenes tienen un papel fundamental. Ellos no son únicamente el futuro de nuestra Penitencial: son también su presente. En sus manos estará la responsabilidad de recibir nuestro legado, pero también de enriquecerlo y transmitirlo a las generaciones que les sucedan. Tenemos que saber escuchar, acompañar y ofrecer espacios en los que puedan sentirse protagonistas, porque solo aquello que se conoce, se comprende y se vive puede llegar a quererse y conservarse.
Por eso, os animo a todos a participar activamente en la vida de nuestra Cofradía, a acudir a nuestros actos, a colaborar en sus actividades, a acercaros a nuestras Secciones y, especialmente, a hacer de esta Penitencial un lugar de encuentro entre generaciones. Que los más veteranos puedan transmitir su experiencia y que los más jóvenes aporten su ilusión, su energía y su mirada hacia el futuro.
Tenemos ante nosotros el reto de seguir haciendo crecer nuestra Cofradía, pero crecer no significa únicamente ser más numerosos. Significa ser mejores Hermanos, estar más unidos, cuidar nuestras tradiciones, proteger nuestro patrimonio y, sobre todo, mantener vivos los valores que nos han permitido llegar hasta aquí.
Os invito, por tanto, a que hagamos de nuestra Penitencial una Cofradía cada vez más participativa, abierta y comprometida; una Cofradía capaz de mirar al futuro sin olvidar sus raíces y que sepa conservar aquello que hemos recibido para entregarlo más fortalecido a quienes nos sucedan.
Como Abad, quiero reiteraros mi disposición para escucharos, acompañaros y trabajar junto a vosotros. Nada de lo que hagamos tendrá verdadero sentido si no somos capaces de hacerlo unidos y poniendo siempre a las personas en el centro.
Que sigamos caminando juntos, con orgullo por lo que somos, con respeto por lo que hemos recibido y con esperanza por todo lo que todavía nos queda por construir.
Recibid un afectuoso abrazo en Jesús Nazareno.
Hno. David Manuel Díez Revilla
Abad mandato 2026-2027
Queridos Hermanos:
Me asomo de nuevo a esta ventana del mundo digital para dirigirme a todos vosotros y, ante todo, para daros las gracias. Gracias por las muestras de cariño, cercanía y apoyo que he recibido desde que asumí la responsabilidad como vuestro Abad. Cada palabra de aliento, cada gesto y cada momento compartido me han confirmado, una vez más, que una Cofradía no se entiende únicamente por lo que hace, sino, sobre todo, por las personas que la forman.
Ponerme al frente de nuestra Penitencial supone un enorme honor y una gran responsabilidad. Esta Cofradía es un pedazo de la historia construida generación tras generación, una herencia que hemos recibido de quienes nos precedieron y que tenemos el deber de cuidar, mantener viva y transmitir a quienes vendrán después.
Nuestro patrimonio es, sin duda, una parte fundamental de esa herencia. Las imágenes, enseres, documentos, símbolos y tradiciones que hemos recibido constituyen un legado de incalculable valor, pero nuestro patrimonio más importante son las personas: los Hermanos que, con su esfuerzo silencioso y desinteresado, hacen posible que nuestra Cofradía continúe caminando. Vosotros sois lo que da sentido a todo lo demás.
Vivimos, además, en un tiempo en el que algunos de los valores que durante generaciones han sustentado nuestra sociedad parecen perder fuerza. El compromiso, el respeto, la solidaridad, el sacrificio, la responsabilidad y el sentido de comunidad necesitan ser reivindicados y, sobre todo, vividos. Una Cofradía tiene mucho que aportar en este ámbito, porque nuestra vida de hermandad nos recuerda que nadie camina solo y que formar parte de una comunidad implica también comprometerse con ella y con los demás.
En esta tarea, nuestros jóvenes tienen un papel fundamental. Ellos no son únicamente el futuro de nuestra Penitencial: son también su presente. En sus manos estará la responsabilidad de recibir nuestro legado, pero también de enriquecerlo y transmitirlo a las generaciones que les sucedan. Tenemos que saber escuchar, acompañar y ofrecer espacios en los que puedan sentirse protagonistas, porque solo aquello que se conoce, se comprende y se vive puede llegar a quererse y conservarse.
Por eso, os animo a todos a participar activamente en la vida de nuestra Cofradía, a acudir a nuestros actos, a colaborar en sus actividades, a acercaros a nuestras Secciones y, especialmente, a hacer de esta Penitencial un lugar de encuentro entre generaciones. Que los más veteranos puedan transmitir su experiencia y que los más jóvenes aporten su ilusión, su energía y su mirada hacia el futuro.
Tenemos ante nosotros el reto de seguir haciendo crecer nuestra Cofradía, pero crecer no significa únicamente ser más numerosos. Significa ser mejores Hermanos, estar más unidos, cuidar nuestras tradiciones, proteger nuestro patrimonio y, sobre todo, mantener vivos los valores que nos han permitido llegar hasta aquí.
Os invito, por tanto, a que hagamos de nuestra Penitencial una Cofradía cada vez más participativa, abierta y comprometida; una Cofradía capaz de mirar al futuro sin olvidar sus raíces y que sepa conservar aquello que hemos recibido para entregarlo más fortalecido a quienes nos sucedan.
Como Abad, quiero reiteraros mi disposición para escucharos, acompañaros y trabajar junto a vosotros. Nada de lo que hagamos tendrá verdadero sentido si no somos capaces de hacerlo unidos y poniendo siempre a las personas en el centro.
Que sigamos caminando juntos, con orgullo por lo que somos, con respeto por lo que hemos recibido y con esperanza por todo lo que todavía nos queda por construir.
Recibid un afectuoso abrazo en Jesús Nazareno.
Hno. David Manuel Díez Revilla
Abad mandato 2026-2027