Misa de Réquiem por los hermanos difuntos
2 de noviembre
La celebración de la Misa de Fieles Difuntos constituye uno de los actos más antiguos y constantes en la historia de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de León. Su origen se remonta a los mismos momentos fundacionales de la hermandad y ha llegado hasta nuestros días sin perder su sentido esencial: la oración comunitaria por los hermanos fallecidos.
La primera referencia documentada aparece en las cláusulas para la fundación de la capilla propia de la Cofradía en la Iglesia Conventual de Santo Domingo de León, fechadas el 9 de julio de 1610. En ellas se establece expresamente la obligación de celebrar:
“una misa anual por el alma de los cofrades fallecidos, el día de los finados”.
Pocos meses después, la Regla, aprobada el 4 de febrero de 1611, desarrollan este mandato en su Capítulo XI, fijando con gran detalle el modo de celebración. Se ordena que el día de los difuntos se diga una misa de réquiem solemne, con diácono y subdiácono, seguida de responso, con asistencia obligatoria de los cofrades, portando velas encendidas. Se regulan incluso las ofrendas litúrgicas, la posible erección de túmulo funerario y una pena económica para quien no acudiese.
Todo ello evidencia la importancia que desde sus orígenes tuvo este acto dentro de la vida espiritual y corporativa de la Cofradía.
La Misa de Réquiem mantuvo su carácter obligatorio a lo largo de los siglos. Así lo confirman las reformas estatutarias del siglo XX, en las que vuelve a recogerse expresamente la obligatoriedad de la asistencia a este acto.
Este dato subraya que la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno consideró siempre esta celebración como un elemento esencial e irrenunciable de su identidad.
El Libro del Encargo fija el protocolo vigente, señalando que:
“El día 2 de noviembre asistirá, junto con los Hermanos Secretario y Junta de Seises, a la Misa de Difuntos, que se celebra en Santa Nonia”.
La celebración se organiza conjuntamente con la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, dándose publicidad al acto a través de los medios de comunicación locales.
Al finalizar la misa se reza un responso por los hermanos fallecidos, presidido por los Abades y Secretarios de ambas Cofradías. En el acto ocupa lugar destacado el Guión de la Cofradía, y las varas que portan corresponden a las antiguas cruces de mando que aún conserva la hermandad, estableciendo un claro vínculo simbólico con su pasado histórico.
La Misa de Fieles Difuntos ha permanecido como un acto ininterrumpido, adaptado en su forma externa pero fiel en su contenido y finalidad. Cuatro siglos después, la Cofradía sigue reuniéndose el día 2 de noviembre para cumplir el mismo mandato que asumieron sus fundadores: orar comunitariamente por aquellos hermanos que les precedieron en la fe y en la historia de la institución.