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Procesión de las Palmas y Santa Misa

Domingo de Ramos

La Procesión de las Palmas y la Santa Misa del Domingo de Ramos constituyen uno de los actos propios más antiguos y significativos de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Su celebración en la iglesia de Santa Nonia hunde sus raíces, documentalmente, en el último tercio del siglo XIX, y ha mantenido hasta hoy una notable continuidad en sus elementos esenciales.

Los Estatutos de 1906 ya recogen de forma expresa la obligación de los cofrades de asistir a la Santa Misa del Domingo de Ramos en la capilla de Santa Nonia, debiendo confesar y comulgar en dicha celebración y participando en ella con una vela encendida en la mano. Finalizada la Misa, la Cofradía celebraba la Junta General de Hermanos, en la que se organizaban los distintos actos de la Semana Santa, poniendo de manifiesto que el Domingo de Ramos era entendido como el verdadero pórtico espiritual y organizativo de la Semana Mayor, una estructura básica que se ha mantenido a lo largo del tiempo.

En la actualidad el Domingo de Ramos se inicia con la bendición de las palmas y de las túnicas de los nuevos hermanos, un gesto cargado de simbolismo que marca su incorporación plena a la vida de la Cofradía. A continuación tiene lugar la Procesión de las Palmas, que recorre las calles próximas a la Capilla de Santa Nonia. Tras la procesión se celebra la Santa Misa, en la que los hermanos participan de la comunión general, válida para el cumplimiento pascual, y que concluye con el rezo de un responso por todos los cofrades fallecidos. Finalizados los actos litúrgicos, se celebra la Junta General de Hermanos, cerrando así una jornada que aúna celebración religiosa, memoria y vida interna de la Cofradía.

La Procesión de las Palmas y la Santa Misa del Domingo de Ramos se celebran de forma coorganizada con la Cofradía hermana de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, manteniendo una tradición compartida que no altera el carácter propio del acto ni su profundo sentido litúrgico.

De este modo, el Domingo de Ramos se configura como un acto en el que la procesión no es un fin en sí misma, sino la expresión externa de la celebración eucarística. Se trata de una tradición que, a lo largo del tiempo, ha sabido conservar su esencia: iniciar la Semana Santa desde la comunión sacramental, la oración común y la participación activa de los hermanos como fieles.

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