Todavía estaba hablando, cuando apareció una turba; iba a la cabeza el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.
Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?»
Lucas 22, 47-48
La escena del Prendimiento de Jesús representa uno de los momentos más dramáticos de la Pasión. Tras la oración en el Huerto de Getsemaní, Judas Iscariote guía hasta Jesús a la cohorte enviada para detenerlo y lo identifica mediante un beso, gesto que ha quedado para la tradición cristiana como símbolo supremo de la traición. El episodio, narrado por los cuatro evangelistas, constituye el instante en el que Cristo acepta definitivamente el cumplimiento de su misión redentora y se entrega voluntariamente a quienes van a conducirlo hacia la Cruz.
La representación de este pasaje no formó parte del patrimonio procesional de la Cofradía hasta el año 1944, durante la abadía del hermano Dustan Prin Grande. En aquella fecha se adquirió un nuevo paso dedicado a esta escena evangélica, del que se desconoce tanto la autoría como su procedencia exacta, denominado «El beso de Judas». Sus características formales permiten pensar que fue realizado en alguno de los talleres de imaginería religiosa que durante las primeras décadas del siglo XX abastecieron a numerosas cofradías españolas mediante la producción seriada de conjuntos procesionales.
Aquel primer paso estaba integrado por cuatro figuras de concepción sencilla y composición marcadamente frontal. En el centro se situaban Jesús y Judas Iscariote, representado éste en el momento de consumar el beso de la traición, mientras sostenía en su mano izquierda la bolsa que contenía las treinta monedas de plata recibidas por entregar al Maestro. Completaban la escena dos soldados encargados de ejecutar el arresto. Las fotografías conservadas muestran un conjunto de carácter eminentemente narrativo y devocional, concebido para una lectura inmediata por parte de los fieles y acorde con los modelos iconográficos ampliamente difundidos en la imaginería comercial de la época.
Aunque desde el punto de vista artístico se trataba de una obra modesta, su incorporación supuso un importante enriquecimiento del patrimonio de la Cofradía, al introducir por primera vez la representación procesional del Prendimiento dentro de los desfiles de la penitencial.
A comienzos de la década de 1960 surgió el propósito de dotar a la Cofradía de un conjunto escultórico de mayor calidad artística y capacidad expresiva. Así, en mayo de 1962, a iniciativa de Óscar Rodríguez Cardet, se acordó acometer una profunda renovación del paso. En octubre de ese mismo año, el joven escultor leonés Ángel Estrada Escanciano presentó una maqueta del nuevo proyecto, tasando su ejecución en doscientas mil pesetas.
La nueva obra fue tallada en madera de pino del norte y comenzó a realizarse durante la abadía del hermano Onésimo Gutiérrez Lobo. El conjunto pudo contemplarse parcialmente en la Semana Santa de 1964, completándose definitivamente al año siguiente. El proyecto inicial contemplaba una figura adicional de soldado romano que finalmente no llegó a incorporarse al grupo escultórico, desconociéndose en la actualidad las razones concretas que motivaron dicha modificación.
La realización de este paso constituyó una decidida apuesta de la Cofradía por la renovación artística de su patrimonio en un momento especialmente significativo para la imaginería procesional leonesa. Frente a la adquisición de obras seriadas o de catálogo, se optó por encargar un conjunto original concebido expresamente para la penitencial, confiando el trabajo a un escultor leonés que comenzaba entonces a desarrollar una trayectoria que acabaría convirtiéndolo en una de las figuras más destacadas de la escultura religiosa provincial de la segunda mitad del siglo XX.
El conjunto actual se articula en dos núcleos compositivos claramente diferenciados que, sin embargo, forman una única secuencia narrativa.
El primero de ellos ocupa el centro de la escena y está integrado por Jesús, Judas y San Pedro. Cristo aparece representado con una actitud serena y contenida, aceptando con plena conciencia los acontecimientos que están a punto de desencadenarse. Su figura constituye el verdadero eje espiritual y compositivo del conjunto. Frente a Él se sitúa Judas Iscariote, que se aproxima para consumar el beso acordado como señal de identificación. La cercanía física entre ambos personajes contrasta con la enorme distancia moral que separa a quien se entrega voluntariamente de quien lo traiciona.
Junto a ellos aparece San Pedro, de anatomía enjuta y expresión profundamente alterada. Su actitud refleja la tensión del momento y anticipa la reacción que narran los evangelios intentando impedir el arresto de su Maestro. Estrada plasma así el conflicto humano entre la aceptación serena de Cristo y la impulsiva voluntad de resistencia de sus discípulos.
El segundo grupo escultórico está compuesto por dos soldados romanos armados con espadas desenvainadas y por la figura de un Sumo Sacerdote. Su presencia introduce el elemento de autoridad y fuerza que precipita el arresto. Los soldados avanzan hacia Jesús obedeciendo las órdenes recibidas, mientras el representante de las autoridades religiosas judías dirige la acción, convirtiéndose en el nexo visual entre la traición de Judas y el prendimiento efectivo de Cristo.
Uno de los aspectos más destacados del conjunto es su concepción plenamente tridimensional. Frente a la disposición frontal del paso anterior, Ángel Estrada desarrolla una composición abierta que puede contemplarse desde cualquier ángulo. Las figuras establecen un complejo diálogo de gestos, movimientos y miradas que envuelve progresivamente a Cristo y aumenta la tensión dramática de la escena. Esta concepción espacial permite que el paso ofrezca distintas lecturas según la perspectiva desde la que sea contemplado durante el recorrido procesional.
Las imágenes fueron restauradas en 2007 por Dña. Francisca Romero Abajo. La intervención consistió en la limpieza general de las tallas, la consolidación de las policromías y el estudio de posibles soluciones para mejorar la estabilidad estructural de las figuras de San Pedro y de los dos soldados romanos. Los trabajos destinados a la consolidación del conjunto fueron sufragados íntegramente por los braceros del paso, reflejo de la implicación de quienes tienen encomendada cada año su conducción por las calles de León.
El actual trono procesional fue diseñado en 1985 por el hermano Melchor Gutiérrez San Martín. Realizado en madera y concebido mediante líneas rectas y paneles decorados con motivos vegetales, sustituyó a estructuras anteriores adaptándose a las necesidades estéticas y funcionales de la Cofradía. En 2001 el propio autor acometió una importante reforma que incorporó ocho gárgolas en las esquinas y nuevos elementos ornamentales en los entrepaños, enriqueciendo notablemente el aspecto del conjunto y otorgándole una mayor sensación de volumen y monumentalidad.