Oración en el Huerto
- Escultor: Víctor de los Ríos Campos 1952
- Trono: Latón labrado. Víctor de los Ríos Campos 1952
- 90 braceros
- Escolta: RALCA nº 63
- Acompañamiento musical 2026: Agrupación Musical de la Real Hdad. de Jesús Divino Obrero (León)
«Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba.
Lucas 22, 42-43
Tras la Guerra de la Independencia y la consiguiente reorganización de la Cofradía, aparecen las primeras referencias documentales al paso de la Oración en el Huerto.
La documentación conservada señala que en 1815 se abonó al maestro Bernardo Pérez por la hechura del paso de la Oración 370 reales. No obstante, las características formales que presentaba la cabeza del antiguo Cristo, conocidas a través de fotografías históricas, parecen remitir a modelos escultóricos propios de los siglos XVII o XVIII, por lo que no puede descartarse que el conjunto fuese anterior a dicha fecha y que la intervención de Bernardo Pérez estuviese relacionada con la realización o reforma del conjunto procesional más que con la talla de las imágenes.
Aquel conjunto presentaba una composición semejante a la actual, integrada por las imágenes de Cristo y un ángel. La figura del Señor pertenecía al tipo de imágenes denominadas de bastidor, con cabeza y manos talladas y cuerpo de vestir. Para su culto y salida procesional disponía de camisa, túnica y cordón, además de una peluca de cabello natural que era cuidadosamente rizada cada Semana Santa. Por su parte, el ángel era una talla de reducido tamaño que completaba la representación de la agonía de Cristo en el huerto de Getsemaní.
A lo largo del siglo XIX son frecuentes las referencias al mantenimiento y conservación tanto de las imágenes como de su ajuar. Entre ellas destaca la donación realizada en 1898 por doña Adela Ramos, quien regaló para la Oración en el Huerto una camisa de hilo fino con encaje y un botón de oro con piedra fina. Esta pieza, conocida tradicionalmente como polea camisera, ha llegado hasta nuestros días y continúa formando parte del ceremonial cofrade, siendo entregada al Abad entrante durante el acto de toma de posesión. La costumbre constituye una evocación de los antiguos usos por los que las alhajas y bienes de la Cofradía eran confiados al nuevo Abad para su custodia.
La relevancia de esta advocación dentro de la Cofradía quedó especialmente patente en 1928, cuando el conjunto dio nombre a una nueva procesión que, de forma excepcional, contó también con la participación de las otras dos cofradías penitenciales leonesas: la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad y la Cofradía de Minerva y Vera Cruz. Celebrada únicamente aquel año, bajo el abadazgo del hermano Enrique Salgado Benavides, la procesión constituyó una experiencia singular dentro de la historia de la Semana Santa leonesa.
Los hermanos vistieron para la ocasión capirote alto morado en lugar del tradicional capillo bajo, tal y como recoge Santiago Eguíagaray Pallarés en una de las primeras publicaciones dedicadas a la Semana Santa de León. El cortejo partió de la Capilla de Santa Nonia a las diez de la noche del Jueves Santo, recorriendo diversas calles del centro histórico de la ciudad: Paseo y Calle de San Francisco, Fernández Cadórniga, Plaza Don Gutierre, Zapaterías, Plaza de las Carnicerías, Plegaría, Platerías, Cardiles, Paloma, Plaza de la Catedral, Fernando Merino, Plaza Santo Domingo, Independencia, Legión VII, Plaza de San Marcelo, Teatro, Alfonso XIII y Calle y Paseo de San Francisco para regresar al templo en torno a la medianoche del Viernes Santo.
El antiguo conjunto continuó procesionando durante las primeras décadas del siglo XX sin modificaciones sustanciales. Sin embargo, en 1944 se decidió sustituir el pequeño ángel que acompañaba a la imagen del Señor por otro de mayores dimensiones, posiblemente adquirido a talleres catalanes especializados en imaginería religiosa, con un coste de 4.000 pesetas, sin poder concretar su procedencia exacta.
Pese a estas intervenciones, el paso acusaba ya el desgaste propio de más de un siglo de servicio procesional. Por ello, la Cofradía decidió acometer su renovación completa mediante la realización de un nuevo conjunto que, respetando la iconografía tradicional de la Oración en el Huerto, respondiese a los planteamientos artísticos de su tiempo.
El 12 de enero de 1952 la Cofradía encargó al escultor cántabro Víctor de los Ríos Campos la realización de un nuevo paso de la Oración en el Huerto destinado a sustituir al anterior conjunto. La obra, íntegramente tallada en madera, fue concebida con las imágenes de Cristo orante y el ángel confortador, acompañadas por un nuevo trono diseñado expresamente para albergar la escena.
El conjunto fue presentado públicamente el 6 de abril de 1952, Domingo de Ramos, en el antiguo Instituto Masculino, siendo abad el hermano Carlos Arias Alonso. Días después realizó su primera salida procesional, portado por veinticuatro braceros, incorporándose desde entonces al patrimonio artístico y devocional más destacado de la Cofradía.
Hasta 1962 las imágenes presentaban una disposición distinta a la actual. El trono era entonces más ancho que largo, circunstancia que dificultaba su tránsito por algunas de las calles del recorrido procesional. Con el fin de solucionar este problema, se modificó la configuración del conjunto, adoptando una disposición más longitudinal y situando las imágenes en la posición que actualmente presentan.
La escena representa uno de los momentos más sobrecogedores de la Pasión: la agonía de Cristo en el huerto de Getsemaní. Jesús aparece arrodillado sobre la rodilla izquierda, inmerso en una intensa oración, con la mirada elevada hacia el cielo en una mezcla de cansancio, aceptación y entrega. Su gesto refleja la dimensión humana del sufrimiento y, al mismo tiempo, la plena asunción de la misión redentora encomendada por el Padre. Frente a Él, un ángel emerge entre las ramas del olivo para confortarle, ofreciéndole el cáliz de la amargura que simboliza los padecimientos de la Pasión ya inminente.
El trono, realizado igualmente por Víctor de los Ríos en 1952, se encuentra revestido por paños de latón labrado y troquelado. En 1996 fue objeto de una importante modificación llevada a cabo por el Grupo de Montaje de la Cofradía, que reorganizó la composición en dos alturas, otorgando una mayor profundidad visual al conjunto y facilitando una mejor contemplación de la escena.
Finalmente, en el año 2004, el paso fue sometido a una completa intervención de conservación y restauración dirigida por doña Francisca Romero Abajo, licenciada en Bellas Artes y especialista en Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Gracias a estos trabajos se garantizó la adecuada preservación de una de las obras más representativas del patrimonio procesional de la Cofradía.
En la actualidad, el paso es portado por noventa braceros y cuenta con la escolta del Regimiento de Artillería Lanzacohetes de Campaña n.º 63, Hermano Mayor Honorario de la Cofradía. La presencia de esta unidad militar testimonia los estrechos vínculos existentes entre ambas instituciones, mantenidos a lo largo del tiempo y reflejados en su participación en los actos y desfiles procesionales de la Cofradía.